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15.2.11

Querida Annie:

No entiendo por qué insistes en interpretar toda mi sabiduría como la señal de un supuesto no-dios que te da pistas para conseguir el significado de la vida. No sé si es que vives tus veintitantos años en una realidad paralela mucho más ingenua o si fue que yo viví mis 16 demasiado rápido.

Aw, tú pensaste que podíamos hablar de todas esas cosas y destruir el mundo juntas. A mí me da pena decirte que yo ya lo intenté hace como mil años con varias personas y me rendí porque me divertí más aceptando mis miserias como el centro de mi vida. No es flojera de luchar, es apego a la tragedia.

Ni atajos para destruir al sistema, ni 101 maneras de desafiar a la humanidad para que abra los ojos, yo lo que quiero enseñarte es más bien frustración y desesperanza, y ahorrarte el largo camino intermedio. Porque me fascino cuando me imagino explicándote que nada va a salir bien, que no hay respuestas, que estamos existiendo por inercia; pero me fastidia que te vayas a poner a dar esos brinquitos todos felices cada vez que te des cuenta que la vida no es real, y vayas corriendo en círculos casi que Mamá, mamá, la maestra nos dijo que el sol es una estrella.

Y con respecto a (…) sí te entendí pero no tengo ganas de jugar a eso ahorita. Not güit llu.


PD: Obviamente no te llamas Annie, pero no hay por qué ser tan boletas, verdad?

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